El
restaurante Puerto Rey es exclusivo para banquetes, por lo que todo su servicio
se centra en que los detalles estén en perfecto estado, y para ello, el
personal está especializado en este tipo de trato personal que requiere un
banque tan especial como el de una boda.
Disfruta
como un invitado en tu propia fiesta.
Si tuviésemos que elegir las
claves para que un acto de cualquier índole tenga éxito, diría que son
básicamente las 5 siguientes:
1. Tener una
razón de peso para llevarlo a cabo. Poner en marcha un evento conlleva un enorme esfuerzo
de trabajo, desembolso y altas dosis de estrés. Quienes hayamos asistido a
alguno como invitados, habremos experimentado la satisfacción de haber sido
convocados para presenciar y formar parte de un acontecimiento de interés y
memorable o hemos sufrido el vernos obligados a perder nuestro tiempo y
habernos desplazado para no ver nuestras expectativas cumplidas.
2. Un
concepto adecuado que envuelva el evento. El concepto elegido será la tarjeta de
presentación de nuestra empresa u organización. Nuestro concepto es el cuadro
en el que enmarcamos nuestro evento, los valores o adjetivos que, en
definitiva, queremos transmitir de nuestra compañía. ¿Queremos presentarnos
como una empresa formal o informal? ¿Accesible o sofisticada? ¿Tradicional y
rústica o vanguardista e innovadora? Debemos asegurarnos de que nuestro evento
transmite los valores que queremos asociar a nuestra marca.
3. Una
mentalidad de anfitrión de primera clase. En realidad, todo en un evento depende del
anfitrión. Éste es quien tiene la sartén por el mango, quien hace y deshace,
quien lleva el control dado que toma las decisiones y destina los recursos. Un
evento empresarial, en este sentido, no es muy diferente a un evento organizado
en nuestra vida privada (invitar a unos amigos a cenar, por ejemplo). Se ha
escrito largo y tendido sobre protocolo, buenas maneras… y, en general, todo
gira alrededor de la empatía. La pregunta es: ¿si estuviésemos en la piel de
nuestro público qué veríamos o cómo nos gustaría ser tratados?, es decir, ¿qué
experiencia nos gustaría llevarnos de este evento? Debemos orientar nuestro
trabajo y recursos a cubrir las necesidades y expectativas de nuestros clientes
compatibilizándolo con los objetivos de la compañía.
Un anfitrión
comunica tanto como el mismo evento, es la personificación de nuestro concepto,
quien transmite éste en palabras y maneras. Pero, siempre, sin descuidar a los
invitados presentes aunque, después el evento tenga repercusión mediática y
llegue a otros públicos potenciales.
4. Invitados
sí pero, personas ante todo. Se supone
que elegimos cuidadosamente a nuestros invitados porque, en este caso concreto,
son nuestro público más valioso. Si no asiste quien nos interesa que asista, el
evento no habrá tenido sentido. Si aunque asista, lo descuidamos y no
conseguimos que se marche satisfecho, hasta puede que hayamos actuado en contra
de nuestros intereses.
Como el
anfitrión es quien lleva el control, es el responsable del bienestar de los
invitados. Son clientes actuales o en potencia, sí pero, ante todo son
personas. Con esto, detalles que pueden parecer a priori insignificantes como
elegir la hora adecuada, la temperatura en el local, disponer bebida y comida
suficiente, no alargar la duración innecesariamente, asegurar el
entretenimiento, habilitar la zona para que puedan elegir estar sentados o de
pie, se convierten en fundamentales ya que conseguirán que los invitados se
queden o provocará que se marchen.
Del primero
al último de nuestros invitados son importantes y cuanto más conozcamos el
perfil de cada uno de ellos, mejor podremos ofrecemos un trato personalizado.
5. Un
espacio en común. Al final
necesitamos elegir el lugar donde encontrarnos con nuestros invitados pero, un
espacio no es sólo esto. Tiene que adecuarse al concepto elegido: ser
emblemático o underground, imponente o enfocado al entretenimiento. Tiene
que permitirnos una perfecta habilitación de la zona para que sea posible
cubrir todas y cada una de las necesidades de los invitados. Tiene que ofrecer
visibilidad al anfitrión y permitirle desenvolverse con soltura. Y, sobre todo,
tiene que disponer de soluciones para todo lo que pueda salir mal. Si no está
disponible, el lugar que se adecua a estos requisitos, es preferible esperar a
bajar el listón en este, así como en cualquiera de los demás aspectos.
Consigamos
que nuestro evento sea el tema de conversación durante un tiempo, que se
convierta en un buen recuerdo y nos permita comunicar quiénes somos para
rentabilizar nuestro trabajo, inversión y, por encima de todo, imagen.
Además de
pasar un buen rato, podemos tener la oportunidad de hacer historia.